
POLISPECIALISTICO CARSIL
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HIGIENE ORAL
Una buena higiene oral en casa es la forma más simple y eficaz para prevenir caries, sangrado gingival, mal aliento y, por tanto, tratamientos odontológicos complejos y costosos.
Cada día es fundamental cepillarse los dientes al menos tres veces (desayuno, almuerzo y cena), mejor a los 15-20 minutos después de comer (para evitar desgastar la superficie del esmalte que se encuentra, justo tras las comidas, en un ambiente muy ácido estimulado por la masticación y el inicio de la digestión de los alimentos), con cepillo y pasta dental con flúor, deteniéndose en todas las superficies dentales, las masticatorias, internas y
externas, además de la encía, masajeándola.
La técnica de uso del cepillo es tan simple como intuitiva: hay que realizar movimientos circulares, desde el margen gingival hacia abajo, para evitar “arrastrar la suciedad” justo hacia la encía, allí donde las bacterias podrían asentarse y tener un hábitat ideal para acumularse y multiplicarse.
Sin embargo, hay que especificar que la higiene oral en casa es útil, sí, pero para eliminar lo que se define como biofilm dental, también conocido como placa dental. El biofilm dental se origina a partir de un sustrato salival (llamado película salival) que se deposita sobre la superficie del esmalte recién limpia, ya a los pocos minutos del cepillado. Sobre esta superficie compuesta exclusivamente por proteínas salivales, y libre de bacterias, empezarán a depositarse según un esquema muy preciso, distintos tipos de bacterias que formarán un agregado polimicrobiano: el biofilm dental.
Solo si la placa dental no se elimina, los minerales presentes en la saliva tenderán a depositarse y a precipitar en cristales orgánicos, transformando la placa en sarro.
Lamentablemente, el uso del cepillo no es suficiente para eliminar la placa. Algunas zonas del diente, de hecho, quedan inaccesibles para este, con el riesgo de que permanezca y provoque acumulaciones de sarro y caries justo en las áreas entre diente y diente. Para la limpieza de estas zonas se utilizan instrumentos como el cepillo interdental y el hilo dental.
Se trata de dos instrumentos aparentemente similares, pero con funciones y usos distintos. El hilo dental está destinado a la limpieza de los puntos de contacto. Debe usarse ejerciendo una ligera presión hacia el otro y con “movimientos en zigzag” para facilitar la inserción del hilo en el punto de contacto, sin arriesgar un fuerte contragolpe y, por tanto, traumatizar en exceso la encía. Una vez insertado, el hilo deberá acompañarse suavemente hacia el ápice siguiendo la curvatura de la superficie del diente. El cepillo interdental, en cambio, permite la limpieza de las áreas
por debajo de los puntos de contacto y debe usarse introduciéndolo horizontalmente en el espacio, para empujar la placa hacia fuera del espacio interdental. Con ambos instrumentos se recomienda el uso conjunto de una pizca de pasta dental con flúor, para remineralizar posibles áreas desmineralizadas por la acción de las bacterias.
Giovanni Cavallaro



